martes, 22 de abril de 2008

Ir a tomar el té a Londres o de compras a Milán ya no es cosa de millonarios


La tecnología no se convierte en verdadero adelanto hasta que es accesible, y las revoluciones lo son porque afectan a todo el mundo. Internet, por ejemplo, no dio paso a una nueva era de la información hasta que la mayor parte de la población ha tenido a su alcance tener un ordenador con línea telefónica. Las líneas de bajo coste han conseguido algo impensable hasta hace unos años: que todo ciudadano medio tenga la posibilidad de llegar a lugares a los que antes sólo podía programándolo con la misma antelación que tiempo para reunir el dinero necesario. Las consecuencias son infinitas no sólo en términos económicos y de afluencia de turistas -sobre todo para un país como el nuestro, basta mirar los últimos datos (http://www.que.es/index.php/200804223385/Actualidad/Nacional/Los-turistas-se-apuntan-a-las-low-cost.html)-, sino también en la creación de un tejido social que cree un verdadero sentimiento de pertenencia a una comunidad, la Europea. Pongo mi ejemplo, que es el de muchas otras personas de mi edad. Viví un año como estudiante Erasmus en esa tierra gobernada ahora por Berlusconi. Para muchos que me precedieron en el beneficio de una beca similar, ésta era una experiencia que se quedaba en eso, porque dificilmente volvían al lugar de sus correrías estudiantiles. Sin embargo, y gracias a que una compañía de 'low coast' une casi diariamente mi ciudad con Milán, puedo volver a mis amigos cada vez que me apetece. Volar un fin de semana, reservando con la antelación suficiente, no me cuesta más que coger un tren para ir a cualquier otra ciudad de España, y me aprovecho de ello 4 ó 5 veces al año. Lo mismo pueden hacer los que quieren disfrutar de una escapada o disfrutar de un viaje de compras. Ir a tomar el té a Londres, comprar ropa en Milán o tomar una botella de buen vino en París ya no es cosa de multimillonarios.

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