lunes, 26 de mayo de 2008

Seguridad en el trabajo: control para todos



Dramático y anacrónico lo sucedido hoy en Valencia. Que nada menos que cuatro obreros pierdan la vida en su puesto de trabajo es aún más grave si tenemos en cuenta que han pasado ya bastantes siglos desde que los faraones permanecieran impasibles ante el sacrificio de sus esclavos en aras del levantamiento de monumentos en su honor. No sabemos aún si el andamio en el que se encontraban los operarios encargados de dar forma al nuevo coliseo de la ciudad del Turia estaba mal anclado o estos se confiaron -la investigación lo determinará en las próximas horas- pero una cosa está clara: falta seguridad en el trabajo. No sólo porque muchos empresarios ahorren una buena cantidad de euros en cumplir con lo que la ley determina, sino porque a veces son los propios asalariados los que hacen caso omiso de lo que se les aconseja. Hablo de ponerse el casco, el cinturón o las gafas para soldar, pero también de afrontar la tarea en plenitud de facultades psíquicas y físicas. No es lo mismo levantar un muro con ladrillos que elevarse decenas de metros por encima del sueño para enlucir una fachada, la exigencia es mucho mayor. Y yo dudo mucho de que alguien que desayuna bocata con medio litro de cerveza, carajillo y copa pueda mantenerse en pie. Es práctica generalizada del gremio, invito a quien quiera a comprobarlo en cualquier bar cercano a alguna obra. Si me equivoco, pago yo la ronda.

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